La OCAS en el centro La Joya de Otavalo

Si hubiera que resumir en una palabra nuestro paso por el centro La Joya, sería satisfacción. Llegábamos a Otavalo en la noche del viernes 17 de febrero con nuestros colegas y ahora amigos del Conservatorio de Quito. El sábado temprano ya estábamos en La Joya para un plan de trabajo con ensayos intensivos que era la única forma de montar todo un programa orquestal con día y medio de ensayos. Efectivamente, el domingo por la tarde estaba previsto el primer concierto en Ecuador y estaría destinado principalmente a los alumnos de La Joya y sus familias.

La primera satisfacción fue comprobar la incondicional disposición de Judith, Dudu y de todo el personal del centro para con nosotros. No se pudieron dar más facilidades y no nos pudimos sentir más a gusto. Con todas las dependencias a nuestra disposición pudimos realizar los ensayos por secciones durante gran parte del día hasta que quisimos y pudimos ya bien cerrada la noche.

El domingo preparamos todo para el concierto y hubo un inconveniente inesperado ya que un problema externo de coordinación con la municipalidad impidió que pudiéramos disponer de los atriles de la Banda Municipal de Música, así que nos encontramos con el serio problema de no tener soporte para las partituras. Como siempre ocurre con la OCAS en estos casos se hizo uso de su gran capacidad de adaptación y sentido práctico, y se aprovecharon las barandillas que acotan el patio interior para tender una pequeña red de cuerdas de lana sobre las que se pudieron colgar las partituras sujetas con pinzas de la ropa. La solución funcionó y además resultó inesperadamente estética.
El concierto fue otra satisfacción porque resultó maravilloso para la orquesta, muy especialmente para los chicos ecuatorianos porque comprobaban por primera vez la respuesta del público ante un repertorio tan original y tan participativo. Pero para el público fue igual o más intenso, salieron varios niños a dirigir la orquesta, algunos ayudados por sus padres y aquí no hay forma de describir las caras de felicidad de los niños porque nos quedaríamos cortos, las de sus familias eran exultantes, y qué alegría para nosotros comprobar esa respuesta. Se rieron todos con el Concierto para Cocina y Orquesta, dirigieron la orquesta con la Polka Jockey, participaron con la Nana de Brahms, dieron palmas con la Marcha Radesky e hicieron como nadie el grito latino del Mambo que cerró el concierto. Los agradecimientos de los asistentes al finalizar el concierto estaban llenos de emoción sincera y de complicidad. No se puede pedir más.

Los dos días siguientes, mantuvimos encuentros de trabajo con Judith y Dudu para definir las estrategias educativas y de organización del futuro aula musical que, si todo sale como esperamos, se pondría en marcha en el próximo curso. Desde el perfil de la persona idónea para encargarse de las enseñanzas musicales, hasta los posibles modos de selección pasando por los instrumentos más oportunos para la práctica musical de los niños, se trataron todos los asuntos referentes a ese proyecto tan ilusionante.

Retrasamos un día la salida prevista de la ciudad para poder ofrecer 2 conciertos en horario escolar para los niños de Otavalo, y así se hizo, ya con atriles, en el Centro Cultural El Colibrí, una sala municipal muy apropiada para este tipo de eventos que facilitó que cerca de 400 niños pudieran disfrutar de un espectáculo musical especialmente pensado para que aprendieran música divirtiéndose como no podían sospechar antes de entrar al concierto. Nos llamó la atención la enorme capacidad de integración en las propuestas que les hacíamos, por ejemplo, cuando pedimos voluntarios para dirigir la orquesta salieron dos niños, un poco tímidamente, pero al ver la que liaba con estos directores entre el regocijo general se formó una cola de más de 30 críos en las escaleras del escenario para dirigir. Naturalmente tuvimos que hacer una selección y emplazar a los chicos para otras obras, si no, el concierto habría durado 5 horas.

Nos fuimos de Otavalo tras los conciertos, muy satisfechos con la labor realizada, muy contentos por haber podido colaborar con un centro educativo perfectamente articulado, modélico, maravilloso, que cumple una labor y unos objetivos que en aquellas circunstancias engrandecen aún más a quienes han propiciado su existencia y al equipo que tiene la responsabilidad de gestionarlo; a todos ellos la felicitación sincera y emocionada de todos los miembros de la OCAS, ahora bien, para ser plenamente conscientes de lo que en La Joya está haciendo hay que ir a verlo a Otavalo.

Nos queda agradecer tantas satisfacciones, y son varias las personas que han propiciado este encuentro tan fructífero, desde luego el inefable Titón que ha confiado en nosotros desde el primer momento y ha puesto de su parte todo y más; por supuesto a Eduardo Cadenas, también de SEPLA-Ayuda, que resolvió desde allá con tanta eficacia como energía innumerables situaciones, algunas de ellas nada fáciles de afrontar, todo un lujo de la gestión y una persona maravillosa; por supuesto, también a Judith y su esposo, Dudu y todo el personal de La Joya que estuvieron pendientes de todos nosotros dentro y fuera del Centro, no hemos visto nunca un mezcla tan oportuna de cariño y eficacia.

Sólo pensamos en cómo ayudar para ver el aula de música funcionando en La Joya, y en cómo y cuándo volver a una ciudad tan acogedora. Gracias a todos por propiciar tantas felicidades.

Manuel Paz

Director de la Orquesta de Cámara de Siero, OCAS.

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